Capitulo 1
(Jorge)
Normalmente no me molesto en llegar
temprano a la Universidad, pero dado el caso de que estoy a punto de
repetir el semestre debido a las faltas, he decidido bendecirlos con mi
presencia.
En otras universidades no tendría por qué preocuparme, solo haría
falta que aprobara el examen, y nada más. Lo cual es más que sencillo
tomando en cuenta que sencillamente tendría que coquetear un poco con
alguna chica de la clase y así conseguir sus apuntes, estudiar un poco y
sacar un limpio y merecido diez.
Cosa fácil teniendo en cuenta que
mi coeficiente intelectual es más elevado que del promedio. Pero mi
padre tenía que persuadirme, y hacerme entrar a esta estúpida
Universidad de carácter formativo.
Debo llevar este estúpido uniforme y esta
corbata sosa, para que me dejen siquiera entrar al campus. Este lugar
tiene tres grandes características horrendas:
a) El cupo de alumnos es extremadamente limitado, necesitas ser heredero de una sustancial fortuna, hijo de político o ser un genio becado para pagar la matrícula (yo soy ambas) Todos en el campus se conocen por lo menos los nombres, y no importa si la carrera es distinta. Debido a los pocos alumnos eso no es problema. Y es algo normal tomando en cuenta que en una Universidad pública hay alrededor de 10000 alumnos o más y en esta apenas somos 2257.
b) Todas las chicas son iguales, las
típicas chicas huecas e interesadas que al parecer solo van a la
Universidad para ver que pueden agarrar como material de marido o las
aburridas que se la pasan en la biblioteca.
c) Las malditas restricciones y los estúpidos talleres que te obligan a cursar, solo para complicarte un poco más la existencia.
Pero supongo que puedo tolerarlo un poco. Lo único que no soporto es
la rutina y las chicas plásticas estúpidas de esta escuela. Los hombres
también son unos idiotas en su mayoría, pero por lo menos tengo un par
amigos en este infierno.
Podría decirse que somos buenos amigos por
el simple hecho que los tres detestamos a nuestros padres y que odiamos
la Universidad en la que estamos.
Nick Parker es el hijo de un
importante empresario que maneja nada más y nada menos que la industria
textil más grande del mercado. Y Facundo Gambandé es el hijo de un
diplomado y rígido ingeniero. Ambos poseen una gran fortuna.
—Pensé que ya se habían deshecho de ti —me saludó en el
estacionamiento de la escuela. Él se estaba fumando un cigarrillo y
jugaba con el encendedor al lado de su auto (BMW z 4) color negro.
—Ya viste que no —le contesté y le quité el encendedor en una de las
veces que lo lanzo hacia arriba. Entrecerró los ojos en mi motocicleta y
luego me miró con la misma suspicacia.
—¿Estrenando Ducati? —dijo
sorprendido. No es tan extraño que la gente estrene vehículo en esta
Universidad, como si cambiasen de calcetines. Pero en mí si era extraño.
Me encogí de hombros.
—Me confiscaron la Harley y la otra —le contesté en un gruñido y él
soltó una carcajada —Así que fui a comprar a esta preciosura.
—Vaya te encantaban esas motos. Pero era de esperarse algo así, ¿Cómo
se te ocurre entrar a las áreas verdes con la Harley? Les has causado
un gran dolor de cabeza a los jardineros –
—Se me había vuelto a hacer tarde —le contesté y saqué un cigarro de
la caja que traía en la chaqueta. Lo encendí con su encendedor.
—Ahí viene Facundo —dijo él mientras yo aspiraba de mi cigarrillo.
Me giré y si, ahí estaba él en su
Hummer. Se bajó de ella con una sonrisa de autosuficiencia. Seguro tenía
buenas historias de su fin de semana.
—Hey —nos saludó y se acercó a nosotros mientras iba encendiendo su propio cigarrillo — ¿Cómo están sucias? –
—No tan sucias como tú —le respondí —Seguro tienes alguna aventura que te este revoloteando en la cabeza para el próximo fin
de semana –
—Y estas en lo correcto pequeño saltamontes —dijo y me dio unas
palmaditas en la cabeza como si fuese un niño pequeño. Lo tome el brazo y
se lo torcí en una posición totalmente incomoda — ¡Quieres soltarme
maldito! —se quejó.
—No tengo la culpa de que tengas reflejos tan lentos —me burlé y lo
solté. Trató de darme un puñetazo pero no lo logro, yo me moví más
rápido.
—Cuando menos lo esperes me vengare de ti, reptil —me amenazó.
—Quieren dejar sus juegos para otro momento —pidió Parker mientras
tiraba la colilla del cigarro y la pisaba —Sabes que Jorge te ganara de
todos modos, Facundo–
—Es un pandillero horrendo, tienes razón Parker —dijo Facundo bromeando
mientras imitaba la voz de una típica chica de la Universidad —Es hora de entrar a clases —sentenció
— ¿Ya pasó la primera hora? —pregunté sin esperanzas.
No había de otra, tenía que entrar. Normalmente me ausentaba a las
primeras 2 horas y si deseaba ni siquiera asistía en todo el día.
Pero después del ultimátum del rector por mis ausencias y la amenaza de
mi padre de ponerme un tutor, obligarme a asistir a un curso de idiomas y
hacerme trabajar con él durante las vacaciones, accedí amablemente.
Me aflojé la corbata y comencé a caminar hacia el edificio con los chicos a mis lados.
—No, aun no —me respondió Nick.
— ¿Alguna novedad? —dije mientras comenzábamos a caminar. Me habían
suspendido por un mes por entrar a las áreas verdes con mi moto.
—Hay una chica nueva en la clase —dijo Facu y yo revolé los ojos.
—Más de lo mismo —sentencié.
—En realidad esta chica es… distinta —dijo Nick mientras girábamos en el sendero hacia el edificio.
— ¿Acaso tiene una verruga en la nariz? —pregunté irónico.
— ¿Bromeas? —Dijo Facundo —Esta sin problemas —aseguró. Yo alcé una ceja.
—Tenemos un primer caído ante las chicas de esta escuela —le afirmé a Parker. Los tres hallábamos a las chicas de aquí poco interesantes y
demasiado irritantes. Estábamos de acuerdo en que la única forma en la
que las soportábamos era en posición horizontal.
—Puedo decirte que Facundo tiene razón… es bonita – Entramos al edificio
y me detuve a unos pasos antes de la puerta. Los chicos se detuvieron
delante de mí.
— ¿Qué sucede? —preguntó Parker.
—Mi tormento personal está detrás de esa puerta —dije angustiado.
— ¿Qué? —preguntó desconcertado.
—Se refiere a Angela—le explicó Facundo
—Él la sedujo, se acostó con ella y ahora la chica está obsesionada con
regenerarlo y casarse con él –
— ¿Es la chica de la que nos hablaste la semana pasada? —dijo Nick mirándome.
—Si, ¿Tú como sabes quién es? —le pregunté a Facundo. Podíamos hablar de
nuestras experiencias sexuales, pero nunca mencionábamos los nombres de
las susodichas. Eso no era de caballeros.
Aunque las chicas solían descubrirse solas al obsesionarse con
nosotros convirtiéndolo en un juego por sí solo "haber si descubres
quien fue esta semana".
Aunque claro, el juego no duraba mucho,
normalmente no pasaba del mediodía cuando ya deducíamos quien había sido
la conquista de esa semana.
—Por que la chica desde la semana pasada no hace otra cosa que
preguntarme por ti. No sé cómo no he terminado haciéndole una
descortesía —dijo.
Los tres pensamos lo mismo 'tratarla como la puta que es'. Lo cual es
muy peligroso estando en esta escuela, ya que nuestros padres son tan
ricos que conviene tener una buena relación con todos.
Nunca se sabe quién es hijo de un posible socio o quien en esta escuela es un posible futuro negocio o cliente.
— ¿Crees que aún lo recuerde? —pregunté inocente.
—Tal vez si, tal vez no —dijo Gambandé
— ¿Y si lo recuerda? ¿Qué hago?
—No lo sé —me contestó
—No me estás ayudando —le dije entrecerrando mis ojos para mirarlo mal.
— ¿Y cómo quieres que te ayude? Tú solito te lo buscaste… -
—Amigo te decían —dije.
—Ya, ya —nos calmó Parker —Solo hay una manera de poder saberlo —respondió y abrió la puerta.
Ya todos estaban dentro del salón, hasta la profesora estaba ahí. Una
vez más habíamos llegado tarde. Entramos y sin decir nada nos sentamos
en nuestros respectivos lugares, al fondo de la clase.
Pude sentir la mirada de Angela sobre mí y me juré a mi mismo nunca más volver a hacerlo con una chica de la misma clase...
Bueno no, en realidad nunca sigo mis propias imposiciones. Soy egoísta y solo pienso en el momento.
Si ellas quieren ilusionarse con que su amor me hará abandonar el
cigarrillo, la bebida, las mujeres y que harán de mí un hombre
responsable y de bien, yo no soy quien para desengañarlas. Especialmente
cuando este pensamiento las conduce más rápidamente a mi cama.
—Lo siento, he llegado tarde —dijo disculpándose con la profesora una rubia.
Debía ser la chica nueva de la que hablaban Parker y Facundo. Es bella, bonita. Tiene cara de niña pequeña, pero lo dejé pasar.
Ella tarde o temprano hallaría la forma de abordarme.
Las chicas con sus características normalmente son las que más sueñan
con hallar a su sapo (yo) Y convertirlo en príncipe (yo en los eventos
sociales de mi padre)
—A ver si aprenden ustedes tres de esta chica —nos reprendió la profesora de estadística descriptiva.
Ni en mis peores pesadillas me imaginé que derecho sería tan
aburrido, pero todo sea por quedarme con el dinero de mi padre. Todo sea
por hacer lo que él me pide y que no le haga daño a ella…
—No entiendo por qué —me hice el
inocente — ¿Acaso no llegamos nosotros antes que ella? – Toda la clase
me volteo a verme, que me encontraba en el último banco de la fila del
medio.
—Usted sabe a qué me refiero Blanco ¿Qué es eso de llegar y no
disculparse por su retraso? Eso es una descortesía —me dijo. Torcí el
gesto y me levante 'Estúpida universidad formativa'.
—Lo siento, Miranda —dije condescendiente mientras me acercaba a
ella —Pero creí que no querías que mis compañeros se enteraran de lo
nuestro – Nick y Facundo se quedaron en sus bancos mientras revoleaban
los ojos y ponían su atención en cualquier otra cosa.
Por que aquí venia yo de nuevo a retar a la autoridad mientras que
los demás en la clase me miraban con los ojos abiertos como platos.
Excepto por la chica nueva que me miraba como si estuviese fastidiada de
mí, desde el momento en que le contesté a la profesora.
— ¡Fuera de mi clase Blanco! —me gritó exasperada.
—Ves, no querías que lo supieran —le dije.
— ¡Que salgas de mi clase! —me dijo enojada.
—Bien, ya me voy —le dije.
Fui por mis libros y mis cosas. Miré a toda la clase y seguían
mirándome sin poder creerlo. Volví mi vista a la nueva, ella tenía su
atención en otra cosa. Al parecer mi forma de comportarme no la había
sorprendió. Solo la estaba fastidiando.
—Apúrate Blanco —me exigió la profesora.
—Ya, ya —dije exasperado.
Caminé entre los bancos y me acerqué a
la nueva. Ella levantó su vista tenía unos ojos marrones con un brillo
muy llamativo y me miró. Frunció el ceño y le sonreí levemente.
Me
incliné un poco y la besé en los labios. Sus ojos estaban bien abiertos
al igual que los míos. Se quedó quieta sin hacer nada.
Escuché los
murmullos de mis compañeros y a lo lejos la risa de Nick. Mordí un
poco su labio inferior y luego rocé un poco mi lengua cuando ella abrió
los labios un poco más.
— ¡¿Qué estás haciendo Blanco? —me gritó la profesora.
—Bienvenida —le dije.