Capitulo 3
—Dijiste que te enojaste por qué no te
pregunté —me justifiqué con una sonrisa de autosuficiencia —Nunca
dijiste que no podía besarte si te negabas –
Los chicos rieron detrás de mí y a ella por un momento se le hicieron
agua los ojos. Luego los apretó y volvió a tener esa mirada de decisión
que le pude ver hace unos momentos.
Vi a donde se dirigían sus ojos y me imaginé lo que estaba maquinando en su mente como contra ataque. La giré para que me diera la espalda, apoyando su espalda sobre mi pecho, para mantener la parte más sensible de mi cuerpo lejos de sus rodillas.
—Ahora discúlpame por mi atrevimiento —negó con la cabeza —Me temo
que debo insistir. Por favor siéntate con nosotros —volvió a negar con
la cabeza —Esta bien, supongo que quieres conservar algo de tu orgullo e
irte de aquí —ella asintió —Y si te dejo golpearme… ¿Te quedarías? —le
pregunté casi rogando
Ella no respondió de inmediato seguramente lo estaba considerando.
Debía estar pensando en el placer de propinarme otro puñetazo, mientras a
mí me consumían las ansias por conocer su nombre y platicar con ella.
Ella asintió, lentamente, con la cabeza.
—Está bien, te soltaré poco a poco —dije y solté el agarre que
ejercía mi mano izquierda en su cintura. Mientras quitaba mi mano
derecha de sus labios, giro rápidamente y me dio otro puñetazo en el
mismo lugar que antes —Auch –
Me sobé más de lo que realmente hubiera deseado para complacerla.
Seguramente ella deseaba que su golpe me hubiera roto la quijada o
haberme roto la nariz. Y seguramente a ella le duele la mano como mil
demonios.
—Por fin una chica se atreve a darte tu merecido —dijo Facu y la felicitó —Eres mi nueva mejor amiga —aseguró.
—Seguro —me limité a decir mientras sacaba una silla para que ella se
sentara. Cuando así lo hizo me senté a su lado —Debo admitir que pegas
duro —le dije y me sobé de nuevo
Nick me miró con suspicacia al igual
que Facu, ellos sabían que yo estaba siendo condescendiente con ella.
Habiendo sido parte del equipo de lucha en la secundaria puedo soportar
mucho más que el golpe de una niña.
—Bueno, te lo merecías —respondió ella —Tu novia está mirando hacia acá –
— ¿Qué? —dije por lo bajo.
—Cree que te estoy seduciendo —los chicos trataron de ahogar una carcajada ante su comentario.
—Ella no es mi novia —le aseguré.
—Se lo deberías de informar, al parecer ella no lo tiene del todo claro –
—Bueno, supongo que tendré que hablar con ella —dije y volví a
concentrarme en ella. Sin discreción miré sus piernas. Acomodó su
garganta. Volví mi mirada a su rostro —Dime ¿Cómo te llamas? –
—Martina—respondió.
—Completo —le dije. Revoleó los ojos.
—Martina Stoessel —dijo en su suspiro — ¿Y tú? –
—Jorge Blanco—
—Mi nombre es Nick Parker, pero me puedes decir Nick, es un gusto conocerte Martina —se presentó el.
—Igualmente —respondió ella con una sonrisa.
—Yo me llamo Facundo Gambandé —se presentó Facu.
—Mucho gusto Facundo —dijo ella y yo revoleé los ojos.
—Dime Martina, ¿Qué fue lo que te hizo Angela? —preguntó Nick.
Fue entonces que le presté más atención y volteé a ver a Angela con mayor detenimiento. Estaba hecha un desastre. Tenía los ojos llorosos, los pelos revueltos. Un rasguño, si no me equivoco, en la cara. Martina se encogió de hombros.
—En realidad, creo que fui yo quien le hizo algo a ella —dijo mientras se iba apagando su voz. Claramente estaba avergonzada de lo que hizo —Pero todo fue por su culpa —me apuntó a mí con resentimiento —Yo normalmente no hago uso de mis fuerzas de esa manera —dijo con orgullo de sí misma. Me hizo reír por dentro.
— ¿Por qué dices que todo fue por mi culpa? —pregunté. Se volteó a verme con la mirada fría y venenosa.
—Porque me besaste —dijo con odio.
—No veo donde esta lo malo —me hice el desentendido.
— ¡Se supone que tú y ella son novios! —Dijo indignada —O por lo menos eso es lo que ella ha contado durante toda la semana a todas las mujeres de la escuela para que no se te acerquen más. ¡Y vienes y me besas! En verdad yo no quería problemas y vengo y me topo contigo. Sabía que me darías dolores de cabeza apenas te vi —dijo con resentimiento.
—Es su problema, yo en ningún momento le pedí que fuese mi novia —le contesté al instante.
—Yo no sé, ni me interesa que clase de relación sostienes con esa loca. Pero por favor mantenla alejada de mí. No sé porque, pero solo ver su rostro me exaspera.
Es una peliblanca teñida que al parecer la pintura le ha quemado las pocas neuronas que seguramente le quedaban —los tres reímos divertidos —Ya le tuve que dar una lección por amenazarme con sus idioteces, no quiero tener que… -
— ¿Qué clase de lección le diste? —preguntó Nick demasiado interesado en la plática al igual que Facu. La Rubia se volvió a encoger de hombros.
—Nada digno de contarse —dijo poniéndose nerviosa —Ni de repetirse… -
—Mi nombre es Nick Parker, pero me puedes decir Nick, es un gusto conocerte Martina —se presentó el.
—Igualmente —respondió ella con una sonrisa.
—Yo me llamo Facundo Gambandé —se presentó Facu.
—Mucho gusto Facundo —dijo ella y yo revoleé los ojos.
—Dime Martina, ¿Qué fue lo que te hizo Angela? —preguntó Nick.
Fue entonces que le presté más atención y volteé a ver a Angela con mayor detenimiento. Estaba hecha un desastre. Tenía los ojos llorosos, los pelos revueltos. Un rasguño, si no me equivoco, en la cara. Martina se encogió de hombros.
—En realidad, creo que fui yo quien le hizo algo a ella —dijo mientras se iba apagando su voz. Claramente estaba avergonzada de lo que hizo —Pero todo fue por su culpa —me apuntó a mí con resentimiento —Yo normalmente no hago uso de mis fuerzas de esa manera —dijo con orgullo de sí misma. Me hizo reír por dentro.
— ¿Por qué dices que todo fue por mi culpa? —pregunté. Se volteó a verme con la mirada fría y venenosa.
—Porque me besaste —dijo con odio.
—No veo donde esta lo malo —me hice el desentendido.
— ¡Se supone que tú y ella son novios! —Dijo indignada —O por lo menos eso es lo que ella ha contado durante toda la semana a todas las mujeres de la escuela para que no se te acerquen más. ¡Y vienes y me besas! En verdad yo no quería problemas y vengo y me topo contigo. Sabía que me darías dolores de cabeza apenas te vi —dijo con resentimiento.
—Es su problema, yo en ningún momento le pedí que fuese mi novia —le contesté al instante.
—Yo no sé, ni me interesa que clase de relación sostienes con esa loca. Pero por favor mantenla alejada de mí. No sé porque, pero solo ver su rostro me exaspera.
Es una peliblanca teñida que al parecer la pintura le ha quemado las pocas neuronas que seguramente le quedaban —los tres reímos divertidos —Ya le tuve que dar una lección por amenazarme con sus idioteces, no quiero tener que… -
— ¿Qué clase de lección le diste? —preguntó Nick demasiado interesado en la plática al igual que Facu. La Rubia se volvió a encoger de hombros.
—Nada digno de contarse —dijo poniéndose nerviosa —Ni de repetirse… -
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