Capitulo 2
Ambos se acercaron a donde yo estaba sentado. Los miré y les hice un gesto para que se sentaran.
—La hiciste buena esta vez —me acusó Nick con una sonrisa mientras
me daba una palmadita en la espalda y se sentaba a un lado de mí en la
mesa. Estábamos en la cafetería de la Universidad.
—Nunca me enorgullezco de mis impulsos —le contesté encogiéndome de hombros.
—Volviste a caer en la rectoría y todavía no son las 10 de la mañana —sentenció Nick.
—Así es —contesté.
— ¿Y cómo te fue? —preguntó Facu.
—Creo que el rector y la secretaria están tomándome afecto. Me
invitaron un café, unos bocadillos y el rector se fumó un cigarrillo
conmigo mientras me decía la importancia de causar una buena impresión
en esta Universidad, debido a las altas personalidades que aquí se
encuentran —rieron con ganas.
—Ya no hayan como llegarte —dijo Nick en una carcajada.
— ¿Llamaron a tu padre? —preguntó Facu. Me encogí de hombros.
—No —contesté secamente —El rector prefiere tratar esto directamente
conmigo… creo que mi padre ya le pidió que no le hablase cada 5 minutos
por mis estupideces. De todos modos él no se encuentra en el país –
—Viaje de negocios —dijeron mis amigos al unísono.
—Fiesta —sentencié con seguridad.
—Me agrada como trabaja tu mente —dijo dándome una palmadita en la espalda Facu.
—Mira quien viene ahí —dijo Nick con desenfado y un poco divertido —Parece estar enojada –
'Ay no Angela, no por favor' pensé. No estoy de humor para ser
simpático, y mucho menos con ella. Me volteé con temor y sonreí al ver
que era la nueva y echaba chispas por los ojos. Me puse de pie.
—Lo siento —me disculpé cuando estuvo cerca y paró en seco su brusco
andar. Estuvo bueno ese beso y no me arrepiento de habérselo dado, pero
no estuvo bien besarla sin su permiso.
— ¿Te arrepientes? —me preguntó haciendo un esfuerzo por controlarse.
—No —fui sincero y recibí un puñetazo en la cara de su parte. Esto
era extraño, normalmente las chicas dan cachetadas. Me sobe — ¿Y eso
porque fue? —pregunté haciéndome el inocente.
— ¡Por besarme sin antes preguntarme! —me dijo y giró sobre sí misma
para volver a irse. Yo la tome del brazo y la jalé hacia mí.
— ¿Te puedo besar? —le pregunté.
— ¡No! —me dijo y jaló su brazo para poder irse.
Entonces la tomé por la cintura y la sujeté con firmeza. La volví a
besar mientras forcejeaba conmigo para soltarse. Y la besé de la misma
manera que antes, pero esta vez fui más rudo. Todavía me ardía la
quijada por su culpa. Hasta que se quedó quieta y dejó caer sus brazos a
los costados. Sus ojos marrones miraban fijamente los míos, mientras mi
boca seguía sobre la de ella. Me aleje despacio y le tapé la boca con
mi mano derecha antes de que me gritara.
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